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4.5.16

Aburrida las heridas que bailan en su desfile tan organizado, y que por múltiples ya no se hacen sentir ya no duelen. Somos nuestras heridas, si no dolemos no somos, y aún podemos rescatarnos de nosotros
mismos y doler en nuestra curación. Pero estas que veo, abiertas y que no duelen, que son? Como se llaman a si mismas cuando piensan? Por eso me desvisto, piso y entierro mi anterior comportamiento con las miradas y el contacto ajeno que eran tobogán por el cual yo resbalaba. Ahora, por vos, te abrazo y encarnas lo ajeno, le das calor y mirada, le das dolor y una razón de ser a esa altanera Ciudad de Espejos, le das voz a mi perdón. No más toboganes pero sutiles y violentas escaleras, ventanas y puertas
para resbalar dentro del espíritu igual dolido y con voluntad de cambio que el mio.

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